Las hierbas aromáticas frescas son una de las formas más sencillas y económicas de transformar un plato. Un puñado de albahaca, un poco de cilantro picado o unas ramitas de tomillo pueden cambiar por…
Las hierbas aromáticas frescas son una de las formas más sencillas y económicas de transformar un plato. Un puñado de albahaca, un poco de cilantro picado o unas ramitas de tomillo pueden cambiar por completo el resultado final. Aprender a usarlas bien es una de las mejores inversiones que puedes hacer en tu cocina.
Hierbas para el Mediterráneo
Albahaca: La reina del verano. Úsala siempre en crudo o añadida al final de la cocción, ya que el calor destruye su aroma. Combina de forma natural con tomate, mozzarella, limón y ajo.
Orégano: Al contrario que la albahaca, el orégano seco tiene más potencia que el fresco. Perfecto en pizzas, pastas, marinadas y carnes.
Romero: Intenso y resinoso. Usa con moderación. Va de maravilla con cordero, pollo asado, patatas y focaccia.
Tomillo: Más delicado que el romero. Aguanta bien el calor, así que se puede añadir al principio de la cocción. Imprescindible en guisos, caldos y estofados.
Perejil: El más versátil de todos. El perejil fresco picado al final de un plato aporta frescura y color. El plano tiene más sabor que el rizado.
Hierbas de otras tradiciones
Cilantro: O lo amas o lo odias, no hay término medio. Fundamental en la cocina mexicana, árabe e india. Úsalo siempre fresco y al final.
Estragón: Un sabor anisado y elegante. La hierba favorita de la cocina francesa. Ideal con pollo, huevos y salsas de nata.
Cómo conservarlas
En un vaso con agua: Como un ramo de flores, las hierbas frescas aguantan días en un vaso con agua en la nevera.
Envueltas en papel húmedo: Para hierbas robustas como el romero y el tomillo.
Congeladas: Las hierbas picadas en cubiteras con agua o aceite se congelan perfectamente y son prácticas para cocinar.
Hierbas para el Mediterráneo
Albahaca: La reina del verano. Úsala siempre en crudo o añadida al final de la cocción, ya que el calor destruye su aroma. Combina de forma natural con tomate, mozzarella, limón y ajo.
Orégano: Al contrario que la albahaca, el orégano seco tiene más potencia que el fresco. Perfecto en pizzas, pastas, marinadas y carnes.
Romero: Intenso y resinoso. Usa con moderación. Va de maravilla con cordero, pollo asado, patatas y focaccia.
Tomillo: Más delicado que el romero. Aguanta bien el calor, así que se puede añadir al principio de la cocción. Imprescindible en guisos, caldos y estofados.
Perejil: El más versátil de todos. El perejil fresco picado al final de un plato aporta frescura y color. El plano tiene más sabor que el rizado.
Hierbas de otras tradiciones
Cilantro: O lo amas o lo odias, no hay término medio. Fundamental en la cocina mexicana, árabe e india. Úsalo siempre fresco y al final.
Estragón: Un sabor anisado y elegante. La hierba favorita de la cocina francesa. Ideal con pollo, huevos y salsas de nata.
Cómo conservarlas
En un vaso con agua: Como un ramo de flores, las hierbas frescas aguantan días en un vaso con agua en la nevera.
Envueltas en papel húmedo: Para hierbas robustas como el romero y el tomillo.
Congeladas: Las hierbas picadas en cubiteras con agua o aceite se congelan perfectamente y son prácticas para cocinar.
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